El actor Luis Tosar tenía 25 años cuando una mañana se levantó con medio rostro paralizado. Tres días después, el 97% del lado derecho de su cara se había paralizado.Los médicos le diagnosticaron parálisis facial. Un neurólogo le propuso cortarle el nervio trigémino; otros le decían que, a lo mejor, en un periodo de entre seis meses y un año, podría recuperar la movilidad.
Afirmó: “Estaba hundido y caí en una depresión en la
que no veía sentido a nada, hasta que di con una médico homeópata que tenía
tratamientos específicos para la parálisis facial. No sé explicar muy bien en
qué consistía (fueron medicinas, pinchazos y masajes), pero el caso es que, un
mes después, estaba casi totalmente recuperado.
Sé que la homeopatía es muy controvertida y, de hecho,
cuando he contado mi experiencia a médicos convencionales, sólo me he
encontrado con risas, condescendencia y escepticismo. Hay personas que me dicen
que mi curación fue psicológica...Pues habrá sido psicológica, efecto placebo o
lo que tú quieras, pero el caso es que recuperé la movilidad y, con ella, mi
profesión.
Con el paso del tiempo, una vez curado, creo que
aquello se debió al estrés, al pluriempleo y, sobre todo, a que en aquel tiempo
hacía muchos trabajos alimenticios, desde animador del público a 'sketches' en
programas de variedades, centrado únicamente en trabajar, trabajar y trabajar.
Como actor, sí, pero de cualquier manera.
Uno, a veces, es tan tonto o va tan rápido que no se da cuenta de dónde están las señales. Y creo que mi cuerpo me lanzó una señal para indicarme que no iba por buen camino. A partir de ahí, decidí no gastar tantas energías en cosas que, para un actor, son muy ingratas de hacer y sólo provocan sufrimiento.
La parálisis me ayudó a reflexionar y supuso un cambio
de chip: comencé a adquirir otro compromiso con la profesión y a comprender que
los personajes requerían más preparación, que tenía que ser más disciplinado.
Siempre he sido un actor muy intuitivo porque no he ido a la escuela de arte
dramático. Y creo que, a partir de ahí, me di cuenta de que no puedes sólo
confiar en el gracejo personal o en el posible magnetismo que tengas, sino que
todo requiere muchísimo trabajo y un esfuerzo más focalizado. De modo que puede
que, visto con perspectiva, fuera una experiencia positiva, porque me puso
en el camino de ser un verdadero actor”.









